jueves, 15 de septiembre de 2011

Periodismo impreso, ¿en peligro de muerte? 1ª parte


Periodismo impreso, ¿en peligro de muerte?
Parte I

Ana Livia Salinas González

Los pesimistas pronostican, ¡pareciera que hasta invocan!, la inevitable muerte del periodismo impreso ante la tecnología que allega sin mediaciones la fuente a los lectores, y más aún, ante el llamado periodismo 3.0, también llamado periodismo ciudadano,  en el que el “prosumidor”,  o “prosumer”,  no sólo tiene acceso a los medios  y participación en ellos, sino que también controla los datos.

Es obvio que deben fusionarse la redacción tradicional con la On line, integrarse al cambio o morir. Lo que ha hecho la mayoría de la prensa escrita en México es digitalizarse, invadir los espacios electrónicos; sin embargo, no han hecho el cambio a un lenguaje apropiado para el soporte electrónico, sólo han transferido sus páginas impresas a la pantalla.

El cambio incluye una forma diferente de escritura y de diseño. Por ejemplo, nada de oraciones largas ni subordinadas, frases de 20 a 30 palabras máximo; alternación de frases cortas con frases largas; menos ideas en cada oración; puntuación, mínima, etcétera. A los interesados sugiero lean “Periodismo 2.0, manual para escribir en la Web, de Guillermo Franco. Lo pueden bajar gratuitamente de la Internet.
  
El periodista de hoy día debe renovarse, capacitarse, profesionalizarse; más aún, debe poder especializarse en multitareas, manejar contenidos especializados, debe integrar lo viejo, con lo nuevo, porque, ¿qué es lo que sucede cuando usted tiene en las manos su periódico favorito?, es muy probable que la mayoría de sus noticias ya no le parezcan nuevas, pues antes las vio y escuchó en la televisión, o las vio, las escuchó y las leyó en páginas de Internet o directamente a través de Twitter. Como remate, es posible que ni siquiera encuentre usted textos bien escritos o que contengan algún plus informativo. Lo peor es que la posible asociación o dependencia del medio con poderes políticos o comerciales le restan credibilidad a sus contenidos.

Visto de esa manera, es lógico que el periodismo impreso tenga sus detractores, pero a su servidora, al igual que a muchos otros, le parece que aún seguirá deslizándose paralelo a la historia. ¿Cómo?, ¿qué podría hacer para sobrevivir en este clima tecnológico en el que la inmediatez y la velocidad son los máximos atributos?

Podría hacer algo que se ha propuesto desde hace tiempo y que en algunas épocas ha estado ligado a sus páginas: recurrir a su esencia literaria y adaptarla a todos los soportes tecnológicos que existen y que vayan emergiendo. Y muy importante: apegarse a un código de ética periodística que acabe con la prensa superficial y operada por intereses que no sean los de servir a los lectores. Así, el periodismo impreso estaría provisto de fuerzas mayúsculas para reposicionarse como heraldo del pueblo, como soporte de un estado democrático, constituyéndose en hacedor de un nuevo periodismo, aunque el llamado Nuevo Periodismo data desde 1960.

El buen periodismo al que me refiero no es un movimiento artístico, pero sí es uno que no puede restringirse por las formas, pues debe tener libertad para expresarse. Tomás Eloy Martínez (1934-2010), escritor y periodista argentino, guionista de cine y ensayista, expresaba lo siguiente:

“Lo que se entiende por nuevo periodismo es una ruptura de las fronteras convencionales entre periodismo y literatura para permitir la libre manifestación de la escritura, la ruptura de los dogmas impuestos desde arriba al individuo”.1

El futuro del periodismo escrito no sólo radica en la necesaria profesionalización del periodista, sino en el desarrollo de sus géneros literarios. Muchas disputas, absurdas a mi parecer, se han originado ante este tema, pues el reportaje, la crónica, el ensayo y hasta la entrevista de semblanza, entre otros, nacieron del arte de recrear las realidades, aunque su supervivencia ha dependido de la creatividad del periodista y de la libertad para ejercerla concedida por el medio.

Ignacio Rodríguez Reyna, director de la revista mexicana Emeequis, declaró en entrevista realizada por la revista Zócalo: “…las revistas que apuestan por el periodismo de investigación y la crónica ofrecen al lector un recurso del que ‘carecen los grandes periódicos nacionales.’ (…)… el periodismo de investigación es una necesidad social. La exigencia de información inmediata está satisfecha por la radio y la televisión. En cambio, pocos cuentan las cosas a profundidad. La crónica y la entrevista están fuera de los medios ortodoxos.”2

La entrevista, un encuentro de dos intelectos, de dos emociones, de dos perspectivas, se presta a describir el ambiente, la presencia física del personaje entrevistado, sus gestos, la intercalación de datos sobre su vida cotidiana, sobre el lugar dónde vive, sus mascotas, sus lecturas o deporte favorito… todo aquello que puede ayudar a transmitir lo que no se podría entender sólo a través de sus palabras.

¿Y qué decir de la crónica, el género más literario del periodismo; el más libre, el que permite al periodista explayarse en su estilo? Su dificultad estriba en mantener la objetividad para no traspasar sus límites. Poseer carta blanca para emitir comentarios y notas personales puede llevar al cronista a olvidar la noción de equilibrio y de ética, o en otras palabras, salirse del contexto y perder la cabeza.

Lo indispensable al escribir una crónica es lograr que el lector se transporte al lugar del suceso, que sienta con sus sentidos lo que hubiera percibido si se hubiera hallado presente en el acontecimiento; para ello deberemos describirle los colores, sonidos, olores, texturas, emociones… todo lo que le sea posible capturar con objeto de transmitir el ambiente, el momento. Al contar los hechos, el periodista deberá hacerlo con fundamentos, sin aventurar juicios, apegado a la verdad: jamás podrá hacerlo de manera omnisciente, es decir, como si supiera todo, hasta los más profundos pensamientos de los presentes, tal como lo haría Dios o algún telépata, pues en caso de incurrir en ello su texto dejará de ser un género periodístico para trastocarse en uno de ficción absoluta.

Otros géneros literarios periodísticos son el ensayo, el reportaje narrado y el ensayo-reportaje, denominado así por Fernando Benítez (1912-2000), escritor mexicano, editor, antropólogo, etnólogo, historiador, reportero, editorialista y director del diario El Nacional:

“Para mí, todo el periodismo es una literatura escrita bajo presión, a la carrera. El periodista no tiene tiempo de afinar su escritura; debe obrar en el momento mismo porque mañana para él ya es demasiado tarde. Esto es un inconveniente, desde luego, pero está compensado por la ventaja de poder trabajar sobre materiales en caliente, de poder transmitir al lector la vida de los acontecimientos. (…) El arte del periodista en México consiste, pues, en arrancar la careta al personaje y hacer que revele lo que la gente quiere saber.”3

Un arte aparentemente escondido, pues, ¿cuántos periodistas no se comprometen a lograr esto último? Infinidad. Vergonzosas son las entrevistas en las que sólo se pregunta sobre las situaciones que favorecen al personaje público o los reportajes que sólo arañan la superficie. Esos trabajos son los que dañan al periodismo más que las débiles adaptaciones a las nuevas tecnologías. La duda que queda en el aire es si esta situación se debe a una falta de profesionalismo y responsabilidad del periodista, o de una política de autocensura de los medios.

“Al lector no se lo distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas que se desvanecen al día siguiente, sino que se lo respeta con la información precisa. Cada vez que un periodista arroja leña en el fuego fatuo del escándalo está apagando con cenizas el fuego genuino de la información. El periodismo no es un circo para exhibirse, sino un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta.”4

Información que no “le llega” a la gente, que no contesta ninguna interrogante ni sacia ninguna necesidad de saber en los lectores, no es periodismo. También habría que preocuparse por elegir correctamente a quienes harán el trabajo literario, pues como dice Eloy Martínez: “No todos los reporteros saben narrar y, lo que es más importante todavía, no todas las noticias se prestan a ser narradas”.5

Para escribir la próxima letra del periodismo, cualquier periodista debería dominar, por lo menos bajo un perfil decoroso, el arte literario, pero la punzante realidad es que muchos ni escribir saben, aunque la ortografía y redacción sean materias obligadas en carreras profesionales y técnicas. El nuevo periodismo se ejerce a través de un estilo literario que, de acuerdo a Álex Grijelmo, “…puede apreciarse en las noticias bien escritas y sin excesivas pretensiones, donde el periodista no traslada sus aspectos personales y donde maneja un lenguaje objetivo, externo a él.”6

1.       Esencia del periodismo. Ideas, reflexiones y aforismos. Compilador Omar Raúl Martínez. FMBAC, México, 2003. Pág. 15.
2.       Revista Zócalo. http://www.revistazocalo.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=621&Itmid=13.
3.       Periodismo escrito. Federico Campbell. Serie Circular. Editorial Alfaguara. México, 2002. Pp 79 y 80.
4.       Periodismo y Narración: Desafíos para el siglo XXI. Tomás Eloy Martínez. México, 2010.
5.       Periodismo y Narración: Desafíos para el siglo XXI. Tomás Eloy Martínez. México, 2010.
6.       El estilo del periodista. Álex Grijelmo. Editorial Taurus. México, 2007. Pág. 299

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