sábado, 17 de septiembre de 2011

Periodismo impreso, ¿en peligro de muerte? 2ª parte.


Periodismo impreso, ¿en peligro de muerte?
Parte II

Ana Livia Salinas González

Para la supervivencia del periodismo impreso es tan importante el estilo como el dominio de los géneros. Todas las personas que escriben manifiestan un estilo. No me refiero a la forma de escribir, buena o mala, con errores sintácticos o sin ellos, con vicios o barbarismos o sin ellos, sino a aquél que marca la diferencia entre el texto común, ordinario, y el propiamente literario: al uso de metáforas, figuras retóricas, ritmo, claridad, figuras literarias…

Cito a Eloy Martínez: “Uno de los aportes centrales del nuevo periodismo  consiste en el manejo virtuoso del instrumento que es la palabra. Si la herramienta del periodismo no fuera la palabra, no habría que cuidarla con tanto esmero, con tanta dedicación en la intención y en la calidad de la organización de las frases”.1

El mismo Eloy cuestiona cómo sería posible “…seducir, usando un arma tan insuficiente como el lenguaje, a personas que han experimentado con la vista y con el oído todas las complejidades de un hecho real”,2 y ofrece como respuesta para los editores el uso de la narración en el ejercicio del periodismo.

Algunos novelistas, dramaturgos o poetas no han considerado  idóneo para un escritor hacer periodismo, como lo pregonaba Oscar Wilde (1854-1900) escritor, poeta y dramaturgo irlandés, quien decía que escribir en los periódicos deterioraba el estilo, o Ernest Hemingway (1899-1961), quien afirmaba: “El trabajo periodístico no le hará daño a un escritor joven y podrá ayudarlo, siempre y cuando lo abandone a tiempo”.3

Sin embargo, novelistas, guionistas y dramaturgos, entre otros, como el colombiano Gabriel García Márquez (1928), respaldan el hecho narrado en el periodismo, eso sí, fundamentado exclusivamente en la verdad, no en el imaginario. García Márquez es precursor del nuevo periodismo con una vasta obra periodística en su haber y es fundador de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), fundación que, además de promover el uso de los géneros literarios en el periodismo, promueve la ética y la responsabilidad periodística.

Juan Villoro (1956), novelista, periodista y dramaturgo mexicano, afirmó en una entrevista que le hicieran durante su estadía en Buenos Aires, Argentina: “El buen periodismo, el que perdura, es literatura. Todo texto que perdura es literario”,4  En este mismo lugar, en el que dictó un taller de periodismo narrativo organizado por la FNPI, agregó:

 “El problema que veo en el periodismo impreso es que, para sobrevivir, los diarios niegan sus mejores recursos. En vez de enfatizar lo que no puede hacer la red (periodismo de investigación, textos largos que suponen un tiempo dilatado de lectura), tratan de imitar a los portales electrónicos. Pasamos por una fase de desconfianza bastante rara. Como la información en red es fácil de localizar, los periódicos están más preocupados por publicar lo mismo que ofrecen los colegas que por singularizarse. La homogeneidad es la marca de la hora. Espero que sea una fase transitoria y que se recupere el desafío de publicar cosas únicas, distintas e incluso estrafalarias.”5

Octavio Paz también aprueba el periodismo literario: “Yo sí creo mucho en el periodismo como literatura. Pienso que es un género muy importante. El ensayo, por ejemplo, es una forma de periodismo en cámara lenta”.6 Claro que no todos los periodistas tienen la vocación o la formación para narrar, y quizá ellos sean los principales oponentes del nuevo periodismo, pero como dice Eloy Martínez:

“Antes, los periodistas de alma soñaban con escribir aunque solo fuera una novela en la vida; ahora, los novelistas de alma sueñan con escribir un reportaje o una crónica tan inolvidables como una bella novela. El problema está en que los novelistas lo hacen y los periodistas se quedan con las ganas.”7

Negar que la literatura forma parte del alma del periodismo es negar la esencia de relatar los hechos: “El periodismo nació para contar historias, y parte de ese impulso inicial que era su razón de ser y su fundamento se ha perdido ahora. Dar una noticia y contar una historia no son sentencias tan ajenas como podría parecer a primera vista. Por lo contrario: en la mayoría de los casos, son dos movimientos de una misma sinfonía. Los primeros grandes narradores fueron, también, grandes periodistas”.8

Y los poetas, también, como Charles Baudelaire (1821-1867), precursor de la poesía moderna, quien antes de publicar su poesía pre simbolista publicó críticas de arte en periódicos de su época, algunos ensayos sobre artistas contemporáneos y algunos artículos como el titulado El pintor de la vida moderna, artículo sobre Constantin Guys, publicado por Le Figaro en 1863; en Le Corsaire-Satan publicó un conjunto de aforismos y en L´Espirit Public, Consejos a los jóvenes literatos.

Otra respuesta del nuevo periodismo sería la adaptación y aprovechamiento de la nueva tecnología. El desarrollo de la era digital fortalece antes que debilita al periodismo de este siglo XXI. Ante la inmediatez que privilegia la velocidad se sacrifica la corroboración de los datos y también la reflexión, con lo que deja abierto el camino a las páginas que profundizan e indagan más allá del aspecto superficial de la noticia.

Habrá que tener mucho cuidado con no seguir cayendo en el lado opuesto, en el lado que aleja a los lectores de la prensa, aquél al que se refiere José Ignacio Rodríguez Reyna cuando dice: “…no hay nada que interese a los lectores, sólo encuentran declaraciones de las élites políticas y económicas. La credibilidad se pierde si no hay claridad en el objetivo central: los ciudadanos. Si los contenidos no responden a los intereses de los lectores y no los seducen con textos atractivos, se alejan de las páginas. (…)…si uno lee los diarios no se informa mucho. No encuentro textos interesantes; repiten las viejas fórmulas con un lenguaje acartonado, sin creatividad ni innovación. Es una de las grandes tareas que requerirían los medios.” 9

El aspecto netamente informativo del periodismo escrito es su armazón, su esqueleto, su vestido, pero también su batería, su cuerda, su energía; la literatura que vive en sus géneros literarios es su entraña, su alma, pero también sus emociones y su intelecto: corazón y razón unidos por las letras; su aspecto comercial, mercantil y publicitario es su sustento, su gasolina, la nave que lo transporta y le hace llegar a destino.

Los periodistas deberemos seguir preparándonos para cumplir con éxito la misión de nuestra vocación, de nuestro llamado a brindar un servicio que dote de bienestar a la comunidad, cuya voz e inquietudes deben estar reflejadas en nuestras obras, en nuestra próxima letra.



1.                   1. Esencia del periodismo. Ideas, reflexiones y aforismos. Compilador Omar     Raúl Martínez. FMBAC, México, 2003. Pág. 75
2.                   2. Periodismo y Narración: Desafíos para el siglo XXI. Tomás Eloy Martínez. 2010.
3.                    3. Esencia del periodismo. Ideas, reflexiones y aforismos. Compilador Omar Raúl Martínez. FMBAC, México, 2003. Pág. 78
4.   Esencia del periodismo. Ideas, reflexiones y aforismos. Compilador Omar Raúl Martínez. FMBAC, México, 2003. Pág. 78
5.   Diario argentino La Capital. Rosario. Cuna de la bandera. Entrevista realizada a Juan Villoro el 21 de agosto del 2011 por Eliezer Budasoff. http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2011/8/edicion_141/contenidos/noticia_5121.html
6.   Esencia del periodismo. Ideas, reflexiones y aforismos. Compilador Omar Raúl Martínez. FMBAC, México, 2003. Pág. 79
7.   Periodismo y Narración: Desafíos para el siglo XXI. Tomás Eloy Martínez. 2010.
8.   Periodismo y Narración: Desafíos para el siglo XXI. Tomás Eloy Martínez. 2010.

Webliografía consultada:

1.   es.wikipedia.org/wiki/Charles_Baudelaire. Consultada el 26 de agosto del 2011.
2.   http://www.baudelaire.galeon.com/biog.htm. Consultada el 26 de agosto del 2011.
5.   http://es.wikipedia.org/wiki/Nuevo_periodismo. Consultada el 28 de agosto del 2011.


jueves, 15 de septiembre de 2011

Periodismo impreso, ¿en peligro de muerte? 1ª parte


Periodismo impreso, ¿en peligro de muerte?
Parte I

Ana Livia Salinas González

Los pesimistas pronostican, ¡pareciera que hasta invocan!, la inevitable muerte del periodismo impreso ante la tecnología que allega sin mediaciones la fuente a los lectores, y más aún, ante el llamado periodismo 3.0, también llamado periodismo ciudadano,  en el que el “prosumidor”,  o “prosumer”,  no sólo tiene acceso a los medios  y participación en ellos, sino que también controla los datos.

Es obvio que deben fusionarse la redacción tradicional con la On line, integrarse al cambio o morir. Lo que ha hecho la mayoría de la prensa escrita en México es digitalizarse, invadir los espacios electrónicos; sin embargo, no han hecho el cambio a un lenguaje apropiado para el soporte electrónico, sólo han transferido sus páginas impresas a la pantalla.

El cambio incluye una forma diferente de escritura y de diseño. Por ejemplo, nada de oraciones largas ni subordinadas, frases de 20 a 30 palabras máximo; alternación de frases cortas con frases largas; menos ideas en cada oración; puntuación, mínima, etcétera. A los interesados sugiero lean “Periodismo 2.0, manual para escribir en la Web, de Guillermo Franco. Lo pueden bajar gratuitamente de la Internet.
  
El periodista de hoy día debe renovarse, capacitarse, profesionalizarse; más aún, debe poder especializarse en multitareas, manejar contenidos especializados, debe integrar lo viejo, con lo nuevo, porque, ¿qué es lo que sucede cuando usted tiene en las manos su periódico favorito?, es muy probable que la mayoría de sus noticias ya no le parezcan nuevas, pues antes las vio y escuchó en la televisión, o las vio, las escuchó y las leyó en páginas de Internet o directamente a través de Twitter. Como remate, es posible que ni siquiera encuentre usted textos bien escritos o que contengan algún plus informativo. Lo peor es que la posible asociación o dependencia del medio con poderes políticos o comerciales le restan credibilidad a sus contenidos.

Visto de esa manera, es lógico que el periodismo impreso tenga sus detractores, pero a su servidora, al igual que a muchos otros, le parece que aún seguirá deslizándose paralelo a la historia. ¿Cómo?, ¿qué podría hacer para sobrevivir en este clima tecnológico en el que la inmediatez y la velocidad son los máximos atributos?

Podría hacer algo que se ha propuesto desde hace tiempo y que en algunas épocas ha estado ligado a sus páginas: recurrir a su esencia literaria y adaptarla a todos los soportes tecnológicos que existen y que vayan emergiendo. Y muy importante: apegarse a un código de ética periodística que acabe con la prensa superficial y operada por intereses que no sean los de servir a los lectores. Así, el periodismo impreso estaría provisto de fuerzas mayúsculas para reposicionarse como heraldo del pueblo, como soporte de un estado democrático, constituyéndose en hacedor de un nuevo periodismo, aunque el llamado Nuevo Periodismo data desde 1960.

El buen periodismo al que me refiero no es un movimiento artístico, pero sí es uno que no puede restringirse por las formas, pues debe tener libertad para expresarse. Tomás Eloy Martínez (1934-2010), escritor y periodista argentino, guionista de cine y ensayista, expresaba lo siguiente:

“Lo que se entiende por nuevo periodismo es una ruptura de las fronteras convencionales entre periodismo y literatura para permitir la libre manifestación de la escritura, la ruptura de los dogmas impuestos desde arriba al individuo”.1

El futuro del periodismo escrito no sólo radica en la necesaria profesionalización del periodista, sino en el desarrollo de sus géneros literarios. Muchas disputas, absurdas a mi parecer, se han originado ante este tema, pues el reportaje, la crónica, el ensayo y hasta la entrevista de semblanza, entre otros, nacieron del arte de recrear las realidades, aunque su supervivencia ha dependido de la creatividad del periodista y de la libertad para ejercerla concedida por el medio.

Ignacio Rodríguez Reyna, director de la revista mexicana Emeequis, declaró en entrevista realizada por la revista Zócalo: “…las revistas que apuestan por el periodismo de investigación y la crónica ofrecen al lector un recurso del que ‘carecen los grandes periódicos nacionales.’ (…)… el periodismo de investigación es una necesidad social. La exigencia de información inmediata está satisfecha por la radio y la televisión. En cambio, pocos cuentan las cosas a profundidad. La crónica y la entrevista están fuera de los medios ortodoxos.”2

La entrevista, un encuentro de dos intelectos, de dos emociones, de dos perspectivas, se presta a describir el ambiente, la presencia física del personaje entrevistado, sus gestos, la intercalación de datos sobre su vida cotidiana, sobre el lugar dónde vive, sus mascotas, sus lecturas o deporte favorito… todo aquello que puede ayudar a transmitir lo que no se podría entender sólo a través de sus palabras.

¿Y qué decir de la crónica, el género más literario del periodismo; el más libre, el que permite al periodista explayarse en su estilo? Su dificultad estriba en mantener la objetividad para no traspasar sus límites. Poseer carta blanca para emitir comentarios y notas personales puede llevar al cronista a olvidar la noción de equilibrio y de ética, o en otras palabras, salirse del contexto y perder la cabeza.

Lo indispensable al escribir una crónica es lograr que el lector se transporte al lugar del suceso, que sienta con sus sentidos lo que hubiera percibido si se hubiera hallado presente en el acontecimiento; para ello deberemos describirle los colores, sonidos, olores, texturas, emociones… todo lo que le sea posible capturar con objeto de transmitir el ambiente, el momento. Al contar los hechos, el periodista deberá hacerlo con fundamentos, sin aventurar juicios, apegado a la verdad: jamás podrá hacerlo de manera omnisciente, es decir, como si supiera todo, hasta los más profundos pensamientos de los presentes, tal como lo haría Dios o algún telépata, pues en caso de incurrir en ello su texto dejará de ser un género periodístico para trastocarse en uno de ficción absoluta.

Otros géneros literarios periodísticos son el ensayo, el reportaje narrado y el ensayo-reportaje, denominado así por Fernando Benítez (1912-2000), escritor mexicano, editor, antropólogo, etnólogo, historiador, reportero, editorialista y director del diario El Nacional:

“Para mí, todo el periodismo es una literatura escrita bajo presión, a la carrera. El periodista no tiene tiempo de afinar su escritura; debe obrar en el momento mismo porque mañana para él ya es demasiado tarde. Esto es un inconveniente, desde luego, pero está compensado por la ventaja de poder trabajar sobre materiales en caliente, de poder transmitir al lector la vida de los acontecimientos. (…) El arte del periodista en México consiste, pues, en arrancar la careta al personaje y hacer que revele lo que la gente quiere saber.”3

Un arte aparentemente escondido, pues, ¿cuántos periodistas no se comprometen a lograr esto último? Infinidad. Vergonzosas son las entrevistas en las que sólo se pregunta sobre las situaciones que favorecen al personaje público o los reportajes que sólo arañan la superficie. Esos trabajos son los que dañan al periodismo más que las débiles adaptaciones a las nuevas tecnologías. La duda que queda en el aire es si esta situación se debe a una falta de profesionalismo y responsabilidad del periodista, o de una política de autocensura de los medios.

“Al lector no se lo distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas que se desvanecen al día siguiente, sino que se lo respeta con la información precisa. Cada vez que un periodista arroja leña en el fuego fatuo del escándalo está apagando con cenizas el fuego genuino de la información. El periodismo no es un circo para exhibirse, sino un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta.”4

Información que no “le llega” a la gente, que no contesta ninguna interrogante ni sacia ninguna necesidad de saber en los lectores, no es periodismo. También habría que preocuparse por elegir correctamente a quienes harán el trabajo literario, pues como dice Eloy Martínez: “No todos los reporteros saben narrar y, lo que es más importante todavía, no todas las noticias se prestan a ser narradas”.5

Para escribir la próxima letra del periodismo, cualquier periodista debería dominar, por lo menos bajo un perfil decoroso, el arte literario, pero la punzante realidad es que muchos ni escribir saben, aunque la ortografía y redacción sean materias obligadas en carreras profesionales y técnicas. El nuevo periodismo se ejerce a través de un estilo literario que, de acuerdo a Álex Grijelmo, “…puede apreciarse en las noticias bien escritas y sin excesivas pretensiones, donde el periodista no traslada sus aspectos personales y donde maneja un lenguaje objetivo, externo a él.”6

1.       Esencia del periodismo. Ideas, reflexiones y aforismos. Compilador Omar Raúl Martínez. FMBAC, México, 2003. Pág. 15.
2.       Revista Zócalo. http://www.revistazocalo.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=621&Itmid=13.
3.       Periodismo escrito. Federico Campbell. Serie Circular. Editorial Alfaguara. México, 2002. Pp 79 y 80.
4.       Periodismo y Narración: Desafíos para el siglo XXI. Tomás Eloy Martínez. México, 2010.
5.       Periodismo y Narración: Desafíos para el siglo XXI. Tomás Eloy Martínez. México, 2010.
6.       El estilo del periodista. Álex Grijelmo. Editorial Taurus. México, 2007. Pág. 299